¿Quién no se quiere perder media noche en París?
por Lestat
Nos encontramos un día solo en casa, sin nada que hacer,ya las películas de acción no te motiva, y les tiene un horror absoluto a las típicas comedias de Hollywood, pues recomiendo una película que no te va a aburrir la tarde, "Medianoche en París", hemos visto a Owen Wilson hacer comedias y películas de humor gringo, pero en esta película protagoniza al escritor Gil Pender, que no es otro mas que el mismo Woody Allen, y la manera en como encarna al personaje es ver a Allen en carne y hueso, mas rubio mas joven, y su esencia en la manera de actuar, una actitud algo egoísta, de persona que parece aburrida ( al no compartir los gustos "normales" de la gente promedio como ir de shopping a un centro comercial) y que parece incomprendida, pero no por eso menos exitosa y menos brillante, Gil Pender es un elogiado escritor estadounidense por escribir guiones para películas taquilleras en Hollywood, solo que ya estaba harto de esa vida y quería arriesgarse a un ensayo, a un libro mas propiamente que ir a lo mas seguro y mas comercial del cine.
En sus paseos se pierde una noche borracho por las calles de París, y después de las 12 campanadas aparecía en aquella calle un carro de la época de los años 20 (1920) y este se sube a aquél coche que siempre viajaban personajes artísticos que marcaron el inicio del siglo XX.
Lo curioso del caso es que Gil Pender añoraba estar en esa época, en La Edad de Oro de París, pero sus anfitriones en esta historia sub-realista no se hallaban con la época que vivieron, muchos artistas como Picasso, Modigliani, Dalí, deseaban haber presenciado la época del Renacimiento y codearse con artistas como Da Vinci, Miguel Ángel, Boticelli, todo eso sale en una hermosa charla entre Gil Pender y Adriana de Bourdeos, ahora, toda persona que busca esa hermosa belleza (la verdad, o llámese como sea) parece que está condenado a pensarse en sí mismo en otra época y nunca en la suya, ya que nos sentimos mas identificados y mas inspirados con personajes del pasado, que deseamos en nuestro corazón tenerlas vivas y presentes como ellos mismos se conocieron en pleno apogeo de sus vidas, a un Hemingway luchador, cazador y literario, a un joven y ególatra Dalí, a una hermosa Zelda Fitzgerald (antes de caer en la locura depresiva) deseamos de corazón compartir con esos seres tan inspiradores, decirles que inspiraron muchas generaciones futuras ( y lo seguirán haciendo), y lo más hermoso y menos solitario que nos enseña en esta historia de Woody Allen es que, podamos encontrar a nuestra persona amada con quien compartir una hermosa París, caminando bajo una noche lluviosa.

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