No era mi idea ni mucho menos esperaba
que las cosas resultaran de manera que esta fuera una de las reseñas de mi vida
de las cual quisiera hablar, ni mucho menos que la inspiración me llegara así,
pero si algo existe en nuestras vidas que las hace tan gratificantes es lo
inesperada que esta puede ser.
Cuando desperté esta mañana esperaba
encontrarme frente a un día como cualquier otro, universidad, estudios, amigos
o cualquier evento cotidiano, incluso aquellos problemas que no salen de la
cotidianidad, pero cuando algo inesperado sea bueno o malo, nos llega a pasar
solemos demostrar diferentes respuestas a la situación, no solo en consonancia
exclusiva con el evento sino con las personas con las que nos encontramos en
dado momento. Esto nos lleva al punto del cual he venido a relatarles, los
seres humanos (común a la gran mayoría de la especie según yo) solemos utilizar
diferentes formas de actuar frente a las personas, cuando estamos con nuestra
pareja podremos responder a una pelea de diferente modo que si la tuviésemos
con nuestro hermano/a, con esto quiero decir que los seres humanos (y como
acuña el termino Carl G. Jung) solemos usar una gama muy variada y única de mascaras sociales según
cada individuo para responder a problemas, o incluso para simplemente guiar
nuestro actuar ¿quién ha de conocerte mejor que tú mismo?, dueño y soberano de
tus pensamientos mas allá de tus acciones, sin importar con quien estemos no
podemos mostrarnos sin esta mascara (el yo “real” para mi mismo) que cubre
nuestro rostro, ya que sin importar que mascara mostremos muy difícilmente nos
tolerarían como realmente somos, tú y yo si entramos en reflexión no podemos
evitar mentirnos si decimos que somos totalmente nosotros con las demás
personas por ejemplo (y razón que me inspira a escribirles hoy): si una persona
ha llegado a tratarte de una manera y te has acostumbrado a ella, por más
profunda que esa relación social sea (y entiéndase a manera muy vaga “social”
como cualquier interacción entre individuos), cuando las actitudes tienden a
variar buscamos aislarnos en un razonamiento que busca el status quo, la culpabilidad
en el otro, o la sumisión, solo nombrando algunas, ya que no asimilamos
conductas ajenas a lo que estamos acostumbrados, pero a pesar de esto esa
persona que no consideramos como “él” o “ella” en su estado de acción normal
sigue siendo parte del conjunto que conforma la esencia de la persona, si
buscamos relacionarnos con alguien y decimos quererle apreciarle o por lo menos
demostramos el mínimo de aprecio, considero que debemos aceptar a las personas
en su totalidad. Dispuestos, no a sumirnos en sus delirios de espontaneidad ante
una situación, pero si llegar a comprender que quizás no es solo la cúpula de
la cotidianidad la que nos determina. Tú y yo somos tan egoístas, soberbios e
ingenuos que muchas veces preferimos encerrarnos en nuestra propia visión de
mundo o nuestro propio razonamiento que olvidamos tomar en cuenta perspectivas
que son tan valederas como las nuestras.
Para concluir y no quitarles más de
su tiempo, quisiera expresarles la reflexión a la cual me llevo la situación
que inspiro este escrito:
Dejemos de encerrarnos en la banalidad
que representa ser “nosotros mismos”, nuestro actuar esta determinado no solo
por nosotros, sino también por las personas con las cuales nos relacionemos, no
porque estos se nos impongan sino mas bien porque nosotros mismos nos imponemos
ser así, con esto no quiero decir que este mal, el juicio de valor aquí no
podría ser mas irrelevante, por lo cual les digo: abran sus mentes a nuevas perspectivas
la vida no tiene que ser tan cuadriculada, vinimos a experimentar, tu propósito
de vida no esta determinado por cuestiones banales, lo determina la vida misma,
así que vive y deja vivir.
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